sábado, 29 de junio de 2013

“De golondrinas, gorriones y ratones bandoleros”

"Danza de las Golondrinas" - Pintura Japonesa

Juan Sánchez.
Solo una campanada. Alguien da la ‘una’ en el reloj de la ermita del mar. Una y uno, en compañía de un gorrión adolescente. Proyecto de libertad. Ya sabéis que los gorriones no se deben enjaular porque mueren de tristeza, mueren por falta de aire y de un mundo sin acotar. Aborreces la jaula de oro si eres un gorrión cualquiera. Y dan la una junto al mar. Un gorrioncillo aletea aprendiendo a navegar. Quiero ser gorrión y soñar, y volar muy lejos, sin más. Dan la una en la mar y ‘uno’ no sabe qué pensar...


Ratón me saca a pasear. Ratón es un buen perro lazarillo de hombres deslumbrados por la inminente ceguera. Invidente evidente, de ojos huidos por exceso de realidad. Ratón me saca junto a golondrinas que arribaron ya. Entre husmeos, más ‘meos’ que nada, ratón deja su sello por las esquinas, un clásico. Cosas perrunas, que también tienen su pundonor, y bastante mala leche para joder a quienes mearon antes. Una golondrina parlanchina se columpia sobre un hilo de teléfono. Y nos da un pedazo charla con muy malos trinos (No entiendo el ‘golondrino’, pero se nota el cabreo). Deja claro que no demos un paso más o tomará las de Villadiego. Que se echa al monte y nos deja con dos palmos de narices. Más a Ratón que a servidor. Una golondrina con carácter, como casi todas. Lo que me recuerda la pifia del poeta. Las golondrinas no son oscuras. Al menos vistas desde abajo. El poeta sería de esos que miran desde lo alto. Por eso las pintó de frac. Cosas de la lírica y sus esquivos versos. Ya me vuelve Ratón al encierro. Y me niego, pero hay que ser sumiso con la superioridad, sea perruna o no. No lo ladra, lo piensa, seguro, puro carácter de ratón bandolero.

'Ratón', filósofo e ideólogo perruno: 'Piensa, luego existe' Que come pienso, vamos.
Pincha para ver la tribulaciones positivas de Ratón

Golondrinas y gorriones y no coinciden en gustos. En todo caso, ellas son más tiquismiquis con su régimen de bichos bajos en calorías. Cosa que a los gorriones se la trae al fresco. Puros buscavidas, dan gaznate a cuanto alcanza ese insaciable piquito de tragón. Buitrecillos que todo lo muelen, mascan y muerden sin dientes, hasta reventar figuradamente, o en literalidad. Cosa que me recuerda el evidente defecto de diseño de estos diminutos saltimbanquis: servidor cree, tras muchas horas de observación gorrionil, que, ya que andan a saltos, con una sola pata central, algo más gorda eso si, iban más que sobraos. Quizá sean una excepción generosa y derrochona que se revela contra la aborrecible austeridad evolutiva, y se tiran el ‘pingüi’ con la pata sobrante. En fin, lo mismo piensa el FMI (Fondo Miserable Internacional) de nosotros. Igual con un solo cojón español tenemos bastante. Pero igual nos está sobrando. Un güevo de lujo por no plantarlo ante la masacre social que estamos padeciendo. Pero esa es otra historia que nada tiene que ver con golondrinas ni gorriones. O todo lo contrario…

Donde pone gorrión, igual se podría leer currante. Donde pone golondrina, cabría una gran parte de esta nación embocada, abocada, abocardada, tiranizada y en la oscuridad de su propia miseria. Reconocer esta realidad igual supone que se nos desmonte el chiringuito del bienestar pasado. Igual poniendo los pies, -uno solo si eres gorrión o golondrino currito-, sobre el barrizal que nos plaga sin amonestación previa, igual nos crecería el otro cojón extirpado por gilipollas euro-sacrificables. Y ellos, los que deciden cuantos ‘güevos’ les vamos echar a los cerdos, seguirán pensando que con una pata en la tumba, o con un ratón lazarillo represor (Bruselas, Merkel y demás ratas, en su caso), nos tienen euro-controlados y vamos más que sobrados para ser unos hambrientos, harapientos y piojosos segundones, o pánfilos gorrioncillos del ‘charco mediterráneo’.

'Cosas' de Gorriones

Ahora, eso si, ¿y lo que nos gusta una greña verdulera? Ahí nos puede la Maruja que llevamos dentro. Recuerdo siendo crío, durante el recreo de laicidad imposible, sí, yo también sufrí capones en el nombre del ‘pater’, cuando se liaba parda, resonaban unas palabras que nos incitaban cual gorriones posesos: ¡pelea, pelea! La ‘marimorena’ nos atraía cual queso añejo a ratones novicios, deseando ver piños y piñones voladores, ojos y güevos escalfados, narices y labios reventados, tras tremenda piña en algún morro. Y llegaba el prefecto antidisturbios consagrando hostias en el pescuezo de gladiadores de pata corta cual batallón de ‘grises’ encarnizados con la clase obrera. Y allí se acababa todo. Los saltamontes del ‘kun-fú’ improvisado según las leches adversas, eran ‘clavados’ a sendas columnas del corralito de gallitos de pelea, hasta que hicieran examen de conciencia, propósito de enmienda, y etc… reformateando críos a base de hostias u ¡hostias!, según la urgencia.

Cómo echo de menos aquel fervor neonato de contiendas pírricas o ‘pirriácas’, y la rebelión silenciosa contra las sotanas, los grises y las hostias uniformadas. Cuna de revolucionarios, aquel inicio forjó carácter, ideales y una herida latente que se reactiva cada vez que sufrimos un capón satánico, y nos revela contra la tiranía y la fatua desvergüenza de quienes utilizan la inocencia del pueblo para doblegarlo a base de euro-hostias desde la archicofradía de la ‘pasta sacrosanta’. Punto.

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