viernes, 18 de enero de 2013

“441 días en el infierno”


remiq.net_7735
Juan Sánchez.
Hay veces que te planteas si estas líneas sirven para algo. Hay veces que desearías mandarlo todo al carajo e iniciar una nueva vida lejos de un papel en blanco y un teclado para rellenarlo. Que no te cuadra tanto esfuerzo mental, tanto desgaste personal y tanta rabia contenida como esperanza desdibujada en la piel insomne de la madrugada. Y estás a punto de disolver de una pajolera vez ese angosto dilema  y demasiada palabra que se marchita sin habla. Pero una buena mañana, o dos, o algunas más, sale a tu encuentro un viandante, conocido o desconocido, eso da igual, y te da las gracias por estar ahí. Por plasmar en el lienzo virtual o publicación material tus propios sentimientos, tus pensamientos, que se asemejan mucho a los suyos. Por decir las cosas a pecho descubierto, sin miedo, sin medias tintas ni borrones flatulentos. Y te cuenta sus propios pesares, sus teorías e ilusiones, y da la razón a la palabra que has escrito pues se nota salida desde el fondo de tu corazón. Y estarán de acuerdo en mayor o menor medida, o no, pero agradecen que les hables sin merodeo ni circunloquio de cobardes. Y eso te pone de nuevo en marcha, disipa la pegajosa duda, se rearma la razón que siempre muere en ti, cosa normal del escribiente, modestamente. Mente modesta pero otra vez en acción. Mil gracias lector...


Nunca sabes donde ha de saltar la liebre de la buena suerte. Con orejitas atentas al predador que se oculta entre el rumor de fondo. Con ojillos saltones, clarividentes y avizores de aquella realidad que huye de esta realidad. Un cuadriflogio se esconde tras la maleza del engaño; un talismán de voces sencillas que te animan a seguir en el Tajo, y en el Segura. Indiscutiblemente ellos, tus innumerados lectores, se lo merecen. Así pues, colega, nada de derrotismo ni de justificante paternalista para no ir al cole de la vida. Si estás ahí será por algo. Deja de una puñetera vez de mirar al cielo para disolver los negros nubarrones desde tan lejos, y posa los pies en esta tierra cuajadita de seres humanos penando y suplicando que llueva café en el campo. O en la moral podrida de tanto jerifalte descerebrado.

Podría decir que soy un iluso, que lo soy, o lo era, un crédulo, que también lo era, y lo soy, un inocente perenne y sin intención de remitir en mi inocencia. La mayoría nacemos así, y es la puta vida quien se encarga de borrar la inocencia de nuestra mirada. En unos seres mucho, demasiado, en otros jamás desertará de su alma. Pero son los primeros, ‘los listos’, quienes primero descubren que la mentira, el engaño y la ventaja de tratar con "borregos" crédulos, es la piedra filosofal para convencernos de que su mierda es el oro molido que debemos adorar. Y podéis creerlo, ¡funciona! Siempre que se den una serie de circunstancias encadenadas y favorecidas por la buena fe del pueblo sencillo, la jodida mentira ¡funciona! Servidor lo sabe perfectamente, con dolor y pena, desde mi propia responsabilidad, por aquellos que creímos ver un cambio de rumbo, una verdad verdadera, en esta nueva generación de mentirosos, cobardes y tramposos que nos gobiernan. Servidor también picó, y sé que eso no me justifica, lo sé, en mi descargo solo puedo pedir perdón al pueblo por haber sido tan inocente desde esta atalaya de papel, crédulo y deseoso de un cambio para mejor, tal que el pueblo mismo. Mi pueblo, nuestro pueblo, que no es su pueblo, y al resumen de estos cuatrocientos cuarenta y un días en el infierno me remito. De veras que lo siento si algún, algun@s, de los lectores se dejaron llevar por mi entusiasmo y mi inocencia y apostaron por esta gente tan impresentable como sus antecesores. De veras que lo siento. Pero algo queda de positivo en todo esto. Hemos aprendido que la política es un mundo de lobos al acecho del cordero. Un infierno lleno de buenas intenciones que nunca se materializan –la engañosa piedra filosofal-. La política es la boca del abismo mismo; un túnel sin final donde muere la esperanza del hombre honesto y sencillo sacrificada en aras de un ideal bastardo llamado codicia.

En realidad, la política es como uno de nuestros electrodomésticos que salen de fábrica con fecha de caducidad y deterioro premeditado. Obsolescencia programada se denomina esa pillería de las grandes empresas que ensamblan dichos artilugios con la premeditada intención de que se jodan en un tiempo muy concreto, y así tengamos que comprar otros nuevos nutriendo a ese monstruo de voracidad insaciable llamado consumo obligado. Cuando esas mismas ‘chucherías’ que nos facilitan la vida cotidiana podrían durarnos para siempre. Pero eso no sería un buen negocio para sus accionistas, claro. De igual modo, la política tal y como la conocemos en la actualidad está abocada a su extinción. El ser humano ha mejorado su percepción social, facilitada sobre medida por la avalancha de información disponible. Internet y los medios de comunicación on-line, sobre todo aquellos que no están rendidos al poder económico -la política es un mero ejecutor del capricho del dinero-, ponen a nuestro alcance ingente cantidad de noticias en tiempo real.

Es esa inmediatez de los acontecimientos lo que está cambiando nuestra forma de entender la sociedad, dando lugar a nuevas formas de pensamiento más evolucionado y, por tanto, necesitado de nuevos retos personales y novedosos modelos de convivencia. Los partidos políticos ‘oficiales’ han dejado de ser representativos del sentir ciudadano. La política como carrera de lucro personal alejada del padecer diario del ciudadano, tiene los días contados. Vamos camino de un nuevo modelo de gestión pública donde nuestros empleados comunitarios serán elegidos por sufragio directo del pueblo. De igual modo, nuestros representantes ‘políticos’ serán meros gestores de la voluntad popular inmediata. Las nuevas tecnologías nos facilitarán ese sencillo trámite de referéndum y decisión en plazos muy breves de lo mejor para la comunidad. Votaciones y elecciones mediante identificación electrónica vía Internet, y aplicación inmediata de la decisión del pueblo por parte de nuestros gestores (Empleados) públicos. La política ‘convencional’ es un ‘artefacto’ del cretácico social cuya obsolescencia programada ha caducado, entre otras cosas por tanta porquería e inmundicia  que mana desde la propia política. Ellos/as mismos han ‘suicidado’ su credibilidad tras el sucio y bajuno ideal de la avaricia.

En pocos años seremos testigos de un cambio global de mentalidad e iniciativa social donde nadie estará libre para ‘escurrir’ el bulto de sus obligaciones comunitarias, y todos seremos bandera de nuestros derechos y libertades. Es el nuevo mundo que se está gestando en estos momentos. Y todos somos padres y madres de la criatura. Es hora de recuperar la sensatez y la esperanza en el ser humano que siempre hubo dentro de nosotros. Empecemos pues un nuevo caminar, desde la clara, siempre necesaria y voluntaria inocencia, transparencia y libertad... Saludos para casi tod@s.

PD:Algunos preguntáis por quién/es va ese ‘casi’ al final de mis artículos. Mi respuesta es que ellos/as ya saben quienes son”. Punto.

Foto-Arte: Juan Sánchez
"Foto-Arte: 'Ama-naceres' - Autor: Juan Sánchez"

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