domingo, 20 de septiembre de 2009

Cuando Sally y Brian se separaron

"Insuperable Liza"


El andén era lo menos importante a pesar del barullo ensordecedor que no nos dejaba pronunciar palabra. Sus ojos, mis ojos esclavos de su mirada se encadenaban a ellos con la certeza de un adiós sin retorno. Unas lágrimas que nunca brotaron y el sabor de sus labios perenne en mi memoria. Era el doloroso adiós, era la muerte de un amor, era la locura que me habría de perseguir durante el largo viaje de regreso, y mucho más.
Me miraba y aquel apocalipsis de la estación de Chamartín me negaba la serenidad para entender las palabras escritas en esa voz que se perdía entre maletas y gente presurosa y desquiciada. La miraba y no me veía reflejado en su sonrisa como varios meses atrás. Una locura que encontraba en aquel andén su punto final. Una maravillosa locura de jóvenes enamorados. Juventud y locura, dos sublimes ingredientes para el amor, para una efímera felicidad que desconoce las barreras de la conveniencia y los arquetipos de esta absurda sociedad. Era nuestra locura, nuestro amor sin condiciones. La amargura del adiós se entendía como final listo para salir a escena. No era un adiós, era el hasta siempre, hasta cada momento que pases por este rincón de mi corazón. Porque este rincón es el tuyo, para toda la eternidad.
Sabíamos que habría de llegar y allí estaba cual promesa de fidelidad; fieles a nuestro final programado, sin más. Me miró, la miré, me beso con toda su dulzura. La besé enamorado, era lo pactado. Una sonrisa y se marchó antes de que mi tren se pusiera en marcha, era lo pactado. ¡Pasajeros al tren! Sally y Brian murieron en aquel andén.
La vida es un dantesco cabaret. Es lo pactado.

"Madrid en otoño, parece llorar
con lágrimas de amantes que se separan"



J.S.P - 2009

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