Aquel vals era delicioso,
Aquella muchacha era preciosa,
Flameaba sobre la pista de baile.
Tibia dulzura entre la fría niebla,
Susurrando, delicadamente,
Al oído
De mis años abandonados,
¡Rescatándolos!
El vals, una nube de azúcar,
Y ella, ¡estaba radiante!
Ojos de mar profundo,
Diamantes tristes, deseados,
Brillo que invitaba a besarlos,
A rodearla con brazos amantes
Y sucumbir a su embrujo,
Olvidando...
Era la llama eterna, desterrada.
Ternura renacida en mí,
Resorte oxidado que restallaba.
Y la música, macerando mi razón,
Tremolando mi alma boreal.
Aquel vals era adictivo,
Y ella, radiante,
Me anulaba,
Me esclavizaba gustoso,
Maravillado,…
Al verme reverdecer.
JSP 2.2 - 2-8-2010
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